ES PARA MATARSE DE LA RISA JEJEJEJEJE....! :p
CARTA DE CHUKY A PAPA NOEL
ES PARA MATARSE DE LA RISA JEJEJEJEJE....! :p
TERROR NAVIDEÑO
como a las 11:00nos fuimos a dormir yo tenia miedo me fui a dormir con mi mama a su cuarto mi mama me decia que no habia por que temer no pasaria nada al dar las 12:00 me dormi,me pare a tomar agua,fui al baño y vi un rato televicion.
al dar las 4:00 la muñeca que le habia comprado a mi hermana la guarde por temor,le quite las pilas y por si a caso la deje en off,a las 4:00 la muñeca empeso a llorar,la habia dejado en mi cama cuando vi estaba en la sala en un carton,la mona era de matel y todo lo que e comprado de matelse a revelado,ala semana siguiente la tiramos pero al mes aparecio en el carton donde se habia ido cuando lloro, la quemamos y haci fue como nos libramos de la muñeca,les dire el nombre de la muñeca para que no les suseda lo mismo matel-bebe estrella….ENRIQUE
EL FANTASMA DEL PANTEON
Este relato es de una experiencia que tuve cuando trabajaba de taxista en mi ciudad natal que es la Paz allá en México. Era común escuchar experiencias de compañeros taxistas que llevaban a una mujer al panteón y que desaparecía súbitamente al momento de pasar por el mismo, yo no creía en estas cosas y pensaba que sólo eran relatos inventados para divertirse, pero su creencia era tal que cuando alguien les pedía la parada en la calle de la 16 de septiembre lo ignoraban aun cuando se traba de un hombre y menos vestido de negro.
En una noche de principios de invierno, andaba yo por la avenida 16 de septiembre y revolución de 1910 cuando me pide la parada una persona que estaba justo en la esquina de las calles anteriormente mencionadas, ésta persona se me acercó y me preguntó que cuanto le cobraba por llevarla al panteón, aquí hay que resaltar que hay una colonia llamada el panteón ya que en esa zona se haya el panteón municipal de los san Juanes.
Siguiendo con mi relato, cuando ella me hubo preguntado que cuanto le cobraba por llevarla yo le podía haber cobrado ya un poco más de lo que usualmente porque la tarifa sube más cuando pasa después de la media noche pero como la persona se trataba de una mujer muy bonita con el rostro pálido, ojos negros, cabello lacio muy oscuro como la más negra de las noches y un poco nerviosa por que ella estaba sola y a lo mejor pensaba que yo le podía hacer algo malo, así que todo eso lo tomé en cuenta y le cobré más bajo de lo normal, ella subió y nos dirigimos a la colonia el panteón, como yo suelo ser una persona muy platicadora con los pasajeros a los que llevo le preguntaba cosas usuales como le fue en su trabajo si es que lo tiene etc. pero ella con una voz que me causaba conmoción me contestaba muy reservada y evitaba mucho ser vista cubriéndose el rostro con su cabello.
Así fue que ya estábamos llegando a la colonia del panteón cuando al pasar por enfrente del mismo panteón municipal yo me di la vuelta para preguntarle hacia adonde exactamente la tenía que llevar y fue en ese momento me estremecí cuando con mis propios ojos observé que ella se desvaneció como el aire, paré el auto bajé, y no la vi por ningún lado, entonces respiré hondo pensando en que pudo haber sido un sueño, pero no era así, en verdad yo había llevado a un fantasma al panteón, quizás para intentar descansar en paz. Luego de esto me pongo a pensar en que si existen los fantasmas y cada vez que paso por la avenida 16 de septiembre después de la media noche me santiguo pidiendo a Dios por el descanso de aquella mujer.
LA HISTORIA DEL ANTICRISTO
- Estaba escrito que el fin del mundo, el Apocalipsis, llegaría por obra del hijo de Satán, el Anticristo. Satán, como ya había hecho en anteriores ocasiones a lo largo de la historia, viajó al mundo terrenal con apariencia humana. Como las otras veces, buscó una mujer joven y fuerte para que fuera la madre de su hijo. Tenía que ser una mujer casada, y que mantuviera relaciones con su marido periódicamente para no despertar sospechas. Se encaprichó de una joven rubia y atlética, muy atractiva. Entró en su casa y la poseyó practicando el sexo más salvaje y depravado que se pueda imaginar. Satán con su malvado poder hizo que su mente lo olvidara, y nueve meses después nació su hijo. Su nombre era Software. Este niño empezó a prepararse para su misión estudiando a sus hermanos de tiempos pasados: Atila, Gengis Khan, Hitler… Todos ellos fueron hijos de Satán que fallaron en su misión. Al igual que ellos se preparó para ser un gran líder y formar un poderoso imperio.
Creció observando a los humanos para conocer sus debilidades, haciéndose pasar por uno de ellos, ganándose su confianza. Viendo que todos sus hermanos fallaron a pesar de haber construido grandes imperios, decidió cambiar de táctica. Su imperio no debía ser militar. Se fijó en el posible potencial de la industria informática, y vio en ella su medio para dominar a los humanos. Utilizando su poder sobrenatural, empezó a apoderarse de diversos sectores de esta industria, y logró formar un poderoso imperio informático. Ya formado, el Imperio extendió sus malévolos tentáculos introduciéndose en todos los campos empresariales e industriales. En poco tiempo toda la economía mundial estaba bajo su poder. Ninguna empresa, ningún banco, nada podía funcionar sin los programas informáticos del Imperio. Incluso estaban bajo su dominio usuarios particulares en sus casas. El Imperio llegó a tener más adeptos que cualquier religión del mundo. -
Como una secta destructiva, obligó a sus súbditos a pagar un tributo cada poco tiempo. Había que comprar actualizaciones de los programas continuamente, pues estos se quedaban obsoletos en cuestión de semanas. Todos los programas del Imperio fueron la droga más usada del mundo. Prácticamente todo el planeta estaba enganchado. Software en su trono se reía viendo como los pobres humanos intentaban inútilmente manejar sus productos. Pero estos fallaban inteligentemente, arruinando proyectos, trabajos, vidas. Todo el planeta sufría pero no podía hacer nada, eran adictos a las drogas informáticas del Imperio.
Pero esto no era suficiente, el broche final para llevar a cabo su plan fue el "Efecto 2000". Algunos profetas lo predijeron, y los humanos aterrados intentaron prepararse para ello durante meses, pero fue inútil. El 31 de diciembre de 1999 a las 00:00 h, cuando comenzó el año 2000, empezó también el Armaguedón. Todos los ordenadores fallaron, la industria y la economía se colapsó, la electricidad dejó de funcionar, los trenes descarrilaron, los aviones se estrellaron… Los misiles de todos los países se dispararon controlados por los ordenadores, destruyendo todas las fuerzas militares y policiales del mundo. El caos y la destrucción reinaron en la Tierra. La ley había sido eliminada, los humanos empezaron a pelearse por comida y ropa. Pero había desaparecido todo vestigio de humanidad en ellos. Ya no eran humanos, se comportaban como alimañas egoístas y enloquecidas, peleándose y matando por un trozo de pan. Software había triunfado.
Por fin un hijo de Satán se había apoderado del mundo. La risa de Satán resonaba ensordecedora en los confines del infierno. Dios observaba apenado como su creación se había destruido. Pero aquello no fue el fin del mundo, fue un nuevo origen. Satán mandaba ahora y Dios era el que debía actuar en las sombras. Se había producido un cambio de Dirección General, y aquello era solo el principio…
SUCEDIO UNA NOCHE
“Será un vagabundo que viene a guarecerse de la tormenta y del frío”, pensó. Pero, pese a que ya no lo podía ver en el jardín, Nicolás sentía que aquel intruso aun estaba cerca, muy cerca, lo sentía dentro de la casa así que se aseguró de que todas las ventanas y puertas estuvieran bien cerradas y entonces, subió a su habitación. La puerta estaba cerrada, lo cual le resulto extraño ya que juraría que la última vez que salió la había dejado entreabierta. El miedo empezó a invadirle, el corazón le latía con fuerza y al poner su mano en la manilla para abrirla, notó que estaba temblando. Estaba aterrorizado. “Cálmate Nico, cálmate. No pasa nada, no hay nadie ahí dentro, no puede haber nadie, la puerta se cerró con la corriente” se decía. Pero la puerta no se podía abrir, alguien había echado el pestillo por dentro, lo cual era imposible a no ser que... En ese instante sonó su móvil. Lo había dejado dentro. Nicolás, presa del pánico, no entendía que estaba pasando y decidió que lo mejor sería avisar a la policía. Tal vez, el hombre del jardín había conseguido entrar a su habitación por el balcón. El teléfono no paraba de sonar. Cuando se disponía a bajar las escaleras, oyó claramente que alguien pulsaba el botón de su móvil para contestar. “¡Dios mío!”, pensó aterrorizado y una voz, que le sonó terriblemente familiar, le llegó a sus oídos: “Dígame. No, Nicolás no puede ponerse en estos momentos, no está en condiciones de...” No pudo escuchar más. Corrió escaleras abajo y salió a la calle a pedir auxilio. Pero, cómo explicar aquello, cómo explicar a algún vecino o a la policía semejante disparate. Y es que la voz que escuchó contestar a su móvil era la suya...
Alexis Romero Lozano.
El intruso invisible
Rodolfo estaba sentado en su living, tomando una taza de té y leyendo el diario.
Fuera de la casa la noche estaba silenciosa, muda, como cargada de expectación.
Cerca de sus pies, sobre un tapete, dormitaba Rufo, su viejo perro.
El perro despertó y levantó su cabeza apuntando hacia una puerta que daba a un patio
Interior, luego se puso firme sobre sus patas y gruñó.
´
Rodolfo dejó el diario y la taza de té sobre la mesa - ¿Qué pasa Rufo, oíste algo?- el
Perro miro a su amo y nuevamente apuntó hacia la puerta, lanzando un nuebo gruñido.
Rodolfo, que era un anciano, se deslizó sobre sus pantuflas y llegó hasta la puerta;
Cuando la abrió, el perro se abalanzó como si en el umbral hubiera un intruso.
Rodolfo se sorprendió al ver como su viejo perro se batía contra algo invisible.
El animal, furioso, arremetía y lanzaba dentelladas al aire, eso es lo que veía Rodolfo,
Su perro veía a la muerte, que encapotada en una mortaja negra, extendía su brazo
Huesudo hacia su amo.
Rodolfo sintió un dolor agudo en su pecho, la mano de la muerte estaba sobre su
Corazón. El anciano se tambaleó unos pasos y se derrumbó en el piso. La muerte se
Alejó lentamente hasta desaparecer en la noche.
Rufo, al lado de su amo muerto, lanzó un largo aullido que se extendió por la
Noche silenciosa.
Los títeres
El demonio del insomnio
No dormirse. En su cara se marcaban unas ojeras oscuras, y sus ojos estaban rojos
Por dormir poco, también estaba delgado y débil.
Antonio quería dormir, pero cada vez que lo hacía algo lo despertaba. Las manos de
Un ser desconocido lo sacudían bruscamente hasta despertarlo. Ya despierto, podía
Sentir unos dedos helados sobre sus hombros, o tomándolo de un pie, pero al abrir los
Ojos descubría que estaba solo, y dejaba de sentir el agarre de aquellas manos.
Antonio temía dormirse y volver a sentir como esa cosa, lo que fuera, lo aferraba
Con fuerza y lo sacudía. Se imaginaba que tipo de criatura podía ser; sería un
Fantasma, un demonio, ¿Qué aspecto tendría? Seguramente era algo repulsivo.
Ya hacía dos semanas que era atormentado por esa criatura que no podía ver, por
Ese ser que no lo dejaba dormir, y que poco a poco lo estaba matando.
Seguía sentado en su sofá, con sus ojos enrojecidos bien abiertos. Escuchó un
Rumor en el techo, había comenzado a llover. La noche estaba muy avanzada,
Los pocos sonidos que llegaban de la ciudad fueron diluidos por el rumor
Monótono de la lluvia.
Se durmió oyendo aquel sonido tranquilizador, y comenzó a soñar con una pradera
Luminosa y verde. En el sueño, caminó hasta un arroyuelo cristalino que corría
Alegre entre aquella pradera de ensueño.
Se despertó al sentir como unos dedos se paseaban por su cabello. Antonio se
Esforzó en no abrir los ojos, aunque sintió como una mano se deslizaba hasta
Su hombro y luego comenzaba a sacudirlo. Antonio comprendió repentinamente
Que aquella cosa solo podía hacerle mal manteniéndolo despierto. Apretó los
Ojos para no abrirlos y trató de dormirse nuevamente, pensando en aquella
Pradera y el arroyo cristalino.
Cuando consiguió dormirse nuevamente sintió una gran paz, había vencido
Al demonio del insomnio.
Una historia de terror
Rivera. El río intentaba arrastrar en su corriente al reflejo ondulante de la luna.
Una brisa fresca venía desde el campo y atravesaba el bosque que llegaba hasta
La rivera del río, y al cruzar entre aquellos árboles añosos, producía un sonido
Similar a un suspiro.
En aquel paisaje nocturno, a unos metros de la orilla del río, en el borde del bosque,
Descansaban tres cazadores de jabalíes y sus perros. Los tres hombres rodeaban una
Fogata, los ocho perros que formaban la jauría dormitaban alrededor de ellos.
- Ese búho no para de cantar, bicho mal agüero - protestó uno de los hombres.
- No tenés miedo a los jabalíes pero te asusta un búho, jaja…- dijo uno de los
Integrantes del pequeño grupo y le palmeó el hombro a su compañero.
Uno de los hombres, que había estado callado hasta ese momento, y atizaba el
Fogón con una rama, miró a sus compañeros y les dijo:
- Hasta el ser mas inocente, que no represente un peligro, te puede dar tremendo
Susto, mas bien te puede aterrorizar - el hombre hizo una pequeña pausa para tomar
Un sorbo de café, los otros lo escuchaban atentamente. Dejó el jarro en el suelo y
Continuó.
- Una vez, estaba pescando con mi cuñado, ustedes lo conocen - sus compañeros
Asintieron con la cabeza para no interrumpirlo - La noche era clara, como esta,
Estábamos en la horilla de una laguna, de repente escuchamos un ruido, un
Chapoteo en el agua, en la orilla. El reflector que teníamos estaba a mi lado,
Iluminé hacia donde parecía venir el ruido - el narrador volvió a tomar otro
Sorbo de café. El búho seguía cantando, las llamas del fogón comenzaban ha
Menguar. Tras esa nueva pausa el narrador continuó:
- Cuando iluminé la orilla, vimos a una viejita saliendo del agua. Era muy bajita,
Como si fuera enana, tenía la cara mas arrugada que he visto, y se reía, con
Una voz ronca, como la de un hombre - apenas el narrador terminó su historia, se
Escuchó un chapoteo en el agua, en la orilla.
Los tres se levantaron rápidamente, uno de ellos alcanzó a lanzar un
Grito. Por un instante, los tres quedaron con la vista fija en la orilla, expectantes
Pero se calmaron al ver que era uno de sus perros, que se había arrimado al río
A beber. Los tres compañeros se echaron a reír, especialmente el que acababa
De inventar aquella historia.
Sentado en el sillón
Juan era un ávido coleccionista de muebles antiguos, su última adquisición
Fue un gran y costoso sillón. Ese mismo día hizo que lo llevaran hasta su casa.
Ya entrada la noche, Juan miraba televisión sentado en su cómodo sillón, en la
Soledad de su inmensa casa.
Juan miró su reloj, bostezó un par de veces seguidas y apagó la tele con el control.
La habitación en donde estaba era muy amplia, y solo la luz de la chimenea encendida
Con grandes leños impedía que la oscuridad fuera absoluta.
Juan se marchaba de la habitación cuando algo lo hizo voltear hacia el sillón del cual
Acababa de levantarse. Fue un ruido lo que llamó su atención, una tos apagada.
La luz indecisa del fuego de la chimenea iluminó a medias la silueta de una persona
Sentada en el sillón. Era una figura encorvada y temblorosa, movía continuamente
La cabeza como lo hacen algunos ancianos. De repente, el sillón comenzó a elevarse,
A levitar, Juan temblaba de pies a cabeza mientras veía como su mueble antiguo
Se mecía en el aire.
Aquel susto fue demasiado para Juan, ya era un hombre mayor; la señora de la
Limpieza lo encontró muerto al otro día.
Poco tiempo después sus parientes se disputaban sus bienes. Aquel sillón
Volvió a tener nuevo dueño, aunque su primer propietario no lo abandonaba
Del todo.
Gritos aterradores
Por no ser oriundo de aquel lugar. La predominancia de casas residenciales le
Indicaba que estaba en el borde de la ciudad, había mas edificios en el centro.
Fue a dar a una callejuela bastante angosta. En la vereda por donde el caminaba,
Se alzaba un muro alto y blanco, el otro lado de la calle era dominado por un
Terreno baldío.
Como a mitad de la cuadra, escuchó una serie de gritos espantosos; mezcla de
Risotadas, aullidos, gemidos, todos esos sonidos de terror se entreveraban en
Una sinfonía aterradora. Aquel coro de miedo estaba detrás del gran muro blanco.
A Esteban se le erizó la piel. Con unas largas zancadas se alejó espantado de
Aquel lugar. Un par de cuadras mas adelante se cruzó con un señor que paseaba
A un perro. Esteban le preguntó que había detrás del muro blanco, indicándole
Al hombre la dirección. La respuesta lo dejó helado, detrás del muro estaba el
Cementerio de la ciudad.
Esteban se estremeció al pensar sobre el aspecto y la naturaleza de aquellos seres,
Entes, o lo que fueran, que reían, aullaban y gemían en el cementerio.





